Detrás de dicha idea yace la Programación Neurolingüística (PNL), teoría que interrelaciona mente, cuerpo y emociones (alguien podría argumentar que primero viene el actuar como un marine, aunque sea forzado, y luego sentirse marine). El trasfondo de esta escena es increíble y nos llena de esperanza: podemos ser lo que queramos ser, y la clave para conseguirlo está en nosotros mismos. Cualquier comportamiento humano puede ser aprendido, copiado y llevado a cabo, a menos que haya un impedimento físico o psíquico. Y esto lo podemos aplicar a lo que queramos en cualquier faceta de nuestra vida. Y cambiando detalles que a primera vista nos pueden parecer superficiales o nimios, como el aspecto físico o la manera de hablar, llegamos a cambios profundos en nuestra manera de pensar y sentir.
Te propongo un experimento. Encuentra un lugar tranquilo donde puedas estar contigo mismo durante diez o quince minutos. Concéntrate en algo que quieras cambiar en tu vida: desde tu rol en el trabajo, en tu familia, con tu pareja o con tus amigos. Empieza a pensar cómo te gustaría que fuera; piensa en cómo te sentirías si llegaras a eso, cómo hablarías, como irías vestido, como gesticularías; como sonreirías o como te enfadarías. Concéntrate en ello durante varios minutos y, mentalmente, fíjate en la visión general así como en los pequeños detalles. Intenta inmortalizar ese estado.
Enhorabuena, ya has dado un primer paso para el cambio.